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Niños futbolistas: la ‘culpa’ es de Messi

Fuente: Diario El Mundo, 18/1/2016

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De todos los récords de Lionel Messi, hay uno que pocos mencionan: su fichaje es la compra internacional más exitosa de un niño futbolista. El negocio que se hizo con él fue brutalmente conveniente. El Barcelona compró por pocos miles de euros a un jugador infantil de un país en crisis, de una ciudad del interior, de un barrio marginal, de una familia pobre y, en pocos años, en menos de una década, el pase del futbolista costaba unos 100 millones de euros. Hoy, con cinco balones de Oro en su estantería, el niño rosarino que llegó con 13 años a la Barcelona del 2000, no se venderá por menos de 400 millones. Dicho de otra manera, y dicho claro: Lionel es el gran responsable de que el negocio de moda en el fútbol actual sea la compra y venta internacional de jugadores menores de edad.

¿Y si nos sale un nuevo Messi? Es la frase que más se escucha cuando entra en los laberintos de este negocio de la ilusión. Es el sueño de padres con hijos talentosos, de los clubes de barrio, de los mánagers de poca monta, de los grupos inversores fuertes y de los grandes clubes. Por esa ilusión -la más básica y rudimentaria de la sociedad de mercado: comprar barato y vender muy caro- es que la pasada semana sancionaron al Real Madrid y al Atlético. Antes había sido el turno del Barça. Y vendrán otros, muchos clubes europeos.

El próximo gran escándalo de la FIFA está pasando ante nuestras narices. Quedarán atrás los sobornos por la adjudicación de los Mundiales o por la venta mañosa de derechos de televisión, y llegará una nueva batahola que desnudará al fútbol globalizado como una maquinaria de explotación de menores.

Negocio de riesgo

La idea con la que trabajé el libro Niños futbolistas (Blackie Books, 2013) fue seguir la esencia de ese negocio. Recorrí América Latina buscando comprar un jugador infantil muy barato para venderlo muy caro a Europa, idealmente a España. Mi mayor temor, al comienzo, fue la reacción que tendrían los padres cuando preguntara: ¿Por cuánto me vendes a tu hijo? Quizás me insultaban, o me golpeaban, o me denunciaban. Pero nada de eso pasó. Por el contrario, por poco recibía un abrazo. A los padres les brillaban los ojos. Más de una vez me invitaron a sus casas -siempre pobres- donde me mostraban álbumes con fotos y recortes de los menores, como si se tratara del manual de una lavadora. De entrada entendí algo que suena lógico: cada vez se compran más niños futbolistas, porque hay más padres y familias dispuestas a venderlos.

Cuando uno compra un jugador menor de edad, todos te advierten de que es un negocio de mucho riesgo. «Lo más seguro es que no triunfe jamás», me advirtió un mánager con varios jugadores sudamericanos en Europa. Y es cierto, porque si bien no hay cifras exactas -como en todo negocio al margen de la legalidad- se calcula que menos del 1% llega a debutar en la élite. La mayoría de estos chavales trasplantados, por no de decir todos, se queda en el camino. De hecho, al recorrer la ruta de este negocio, lo que uno más encuentra es la chatarra de otros niños futbolistas fallidos.

Lo que aminora el riesgo es el precio. Un alevín talentoso del tercer mundo, menor de 12 años y sin contrato firmado, vale unos 200 euros. El problema, dentro de la lógica del negocio, es que cada vez es más difícil encontrar a un niño virgen de documentos. Casi todos están marcados, como se hace con el ganado.

¿Por qué Emilio Butragueño recorre el mundo instalando esas factorías de futbolistas que son las Escuelas de Fútbol del Madrid? ¿Por qué el Barça y el Atlético hacen firmar papeles a los niños que entran en sus escuelas en los distintos continentes? ¿Por qué todos los grandes europeos siguen ese modelo?

París Saint-Germain

La más ambiciosa de esas escuelas la inauguró el PSG en Río de Janeiro, para reclutar/preparar a chicos de cinco a 16 años. Una industria francesa de futbolistas para París. En la inauguración, Frédéric Longuépé, director internacional de marcas del equipo, habló de dos objetivos: 1. Fomentar la marca PSG al nivel de las de Madrid, Barça, Milan o Manchester, y sacar nuevos futbolistas. 2. Dar valores a los niños en torno al fútbol. Todos aplaudieron el discurso, aunque todos saben -sabemos- que el PSG, como la mayoría de grandes clubes, no es una ONG que abre escuelas para enseñar valores.

Pipi, la perla japonesa

A los pocos meses de publicarse Niños futbolistas en España, me contactó FifPro (Federación Internacional de Futbolistas Profesionales), sorprendidos por el negocio que mostraba el libro. Y me preguntaron cómo hacer para detectar nuevos casos. Sólo atiné a decirles: ¿Probaron googleando? Aquella tarde puse en Google «compra niño futbolista» y pedí noticias de las últimas 24 horas. Saltaron varios links de España anunciando a Pipi, una perla japonesa de nueve años recién fichada por el Madrid. Una semana después FifPro hizo un llamado oficial a la FIFA para que, tras lo aparecido en Niños futbolistas, tomara medidas. Meses después, me invitaron a Amsterdam al Congreso de asuntos jurídicos de FifPro, junto a altos ejecutivos de FIFA. En mi ponencia pregunté varias veces algo que aún me resulta difícil de creer: ¿De verdad ustedes no saben que se están comprando y vendiendo menores?

Del Barça al Madrid

Cuando sancionaron al Barça, me llamaron de varios medios catalanes. Más de alguno bromeó con responsabilizarme del castigo, pero todos, sin excepción, me preguntaban por qué no sancionaban al Madrid. Ahora que sancionaron al Real, la pregunta es por qué no se sanciona a otros clubes europeos. Seguramente, es cuestión de tiempo. Los castigos partieron con el Barça, porque son los líderes de la maquinaria, quienes dieron por primera vez con un Messi. Y quienes, pese a tirar en la última década a miles de niños que no llegaron a profesionales, dieron una épica a su engranaje luciendo en su camiseta la palabra UNICEF.

Zidane y el “absurdo”

Los alegatos de la última semana en Madrid suelen olvidar lo importante. Y eso pasa, muy probablemente, porque todo lo que el fútbol toca se transforma en fútbol. Si llevamos a un niño africano de 11 años a trabajar siete horas diarias en un campo de algodón de España, diremos que es trabajo esclavo. Si el mismo niño de 11 años trabaja esas horas en un campo de fútbol de Madrid para salvar económicamente a su familia, diremos que es una perla que puede llegar a ser Cristiano Ronaldo o Neymar.

Solemos escuchar más críticas a las sanciones de FIFA que a analizar qué originó el castigo. Zidane ha calificado la sanción como «absurda», entre otras razones, porque sus hijos viven en Madrid desde hace años. Zidane aparece en Niños futbolistas. Mientras reporteaba la historia estuve con él como anfitrión, en el Bernabéu, de la Copa Danone que, en la práctica, era una suerte de feria libre de compra y venta de proyectos de niños futbolistas.

¿Cuál es la solución? Suelen preguntármelo. Y si bien insisto que yo sólo abrí un tema y que no tengo respuestas, todo indica que la obsesión por conseguir pronto y barata a la futura estrella no se terminará. Las familias quieren vender y los clubes quieren comprar. Estamos ante una maquinaria tan grande y depredadora, y a la vez tan invisible, que cuesta ver su magnitud: las sanciones al Madrid, al Atlético y al Barcelona dan cuenta de unos poquísimos fichajes, no de los miles que quedaron tirados, fuera de sus casas y de sus países.

España, líder

En la edición holandesa de Niños futbolistas hay una camiseta del Barça. La traducción al portugués (Dente Leite S.A. A industria dos meninos bons de bola) se publicó en Brasil, el país donde más niños futbolistas salen fraudulentamente a Europa, y en octubre se tradujo al italiano (Niños futbolistas. La tratta dei bambini calciatori), con la financiación de la Asociación Italiana de Futbolistas. En la presentación, en Milán, su presidente, el ex futbolista Damiano Tommasi, dijo publicarlo para que todos tomaran conciencia. En dos semanas, el libro aparecerá en Francia (La traque des enfants footballeurs) y en portada aparecen unos menores vestidos de azulgrana. Cuando el editor francés me transmitió su interés, me explicó que muchos clubes galos contratan ejecutivos españoles para liderar la búsqueda de menores. Porque el 22% de los 1.607 fichajes internacionales de menores en 2014 fueron de equipos de España.

Pero el problema sigue siendo Messi: en la cancha hace creer que jugar al fútbol es fácil; fuera ha hecho creer a muchos que comprar menores en otros países multiplicará los billetes tal como sólo la Pulga lo ha podido hacer.